
"Mirá, no es que lo haga siempre. A veces me pongo nerviosa, o me pica el corpiño y, bueno, ya fue." Ludmila Guerzoni (cantante, 25 años) habla de cuando se queda en tetas en el escenario de las Liers. No tiene mucho, pero las muestra. En menos de un año, su banda dio un gran salto evolutivo: de una fantasmeada con manager a tener la cintura necesaria para ser headliners en el Motoclub Bar -el ciclo que Sergio Ch. de Los Natas organiza en el Roxy de Niceto Vega-, compartir un Peteco's con Gilby Clarke o un Salón Pueyrredón con el icono destroy Marcelo Pocavida. Barbie Martínez, de Florida, a cargo de la primera guitarra, dice: "No somos un grupo de minitas nabas, llenamos un hueco, pero haciendo lo que nos nace y con plena seguridad".
FORMACIÓN Costó armar esta banda. Ludmila recuerda: "Man, yo la vi a Beth Ditto aullando semidesnuda y dije: «Faah, ¿por qué no hay nadie haciendo esto acá?». No me gustaba nada de lo que había, yo quería ver minas que hagan rock". En 2008, Liers sólo existía en la cabeza de su cantante con un team nada concreto de chicas que iban y venían, una manager avispada, Cynthia Kazez, y tres temas compuestos junto a David, frontman de Los Peyotes. Emilia Kiernan, de La Plata, baterista con rapado más dreads muy crust-punk, entró en noviembre de 2009, luego de que Ludmila la encarara sin conocerla en el show de Depeche Mode. Sura Sepúlveda, modelo publicitaria (original de São Paulo) y segunda guitarra, llegó en febrero de 2010 por Cynthia Kazez, que la vio cantando una de Smashing Pumpkins con una acústica en un casting de Pepsi. "Después todo salió rápido", dice Ludmila, en el milagro de que las inviten constantemente a montar gigs sin poner un peso y llevándose un par de pesos también, gracias a una buena lista de teléfonos y nexos con el ambiente publicitario.
SONIDO Hay un EP homónimo de mediados de 2010. Jack Black ya tiene el suyo, cortesía de Jowi Campobassi, periodista hot amiga de la banda, que lo entrevistó para Telefe. "Muy zarpado, la vida Tenacious D nos identifica", dice Emilia. "Tampoco hubo referencias para el sonido", según Ludmila. Barbie remata: "Eso se fue dando solo". Quizá es inadvertido, pero todo remite a Iggy y los Stooges, Ludmila se mueve como si Patti Smith jamás hubiese leído a Rimbaud y la banda brilla en "Kill Your Wife" o "Tricky Pony" con el bajo constante de Rocío Pradines y melodías cojudas que dialogan entre Detroit y el punk-pop modelo Lookout Records. Claramente, más Patricia Pietrafiesa que Rosario Bléfari.
HORIZONTE Emilia dice que llegar al Roxy fue la primera conquista. Ya habían convencido tanto a los garageros de pozo como a la intelligentzia de Niceto Vega y Humboldt, pero el juicio de fuego vino de parte de unos crotos. "Tocamos en la Marcha del Orgullo Gay en noviembre del año pasado. Ser mujeres no es un tema para nosotras, no es explícito, pero la marcha fue heavy", reconoce Ludmila. "Primero porque vino mi abuela de 84 años para verme cantar en tanga y body blanco." Y tras la primera línea de chicas trans de Constitución pintaron unos muchachos, que les dijeron: "Van a tocar en nuestra casa". "Ahí nos apiolamos. Dormían ahí", sigue ella. Y Emilia le toma el peso al momento iniciático de todo esto: "Les regalamos un pañuelo y les dedicamos dos temas. O sea, los chabones nos dejaron tocar en su casa".
Por Federico Fahsbender

