
La otra vez estaba en un camping cantando con la guitarra y había una mujer que yo no conocía que estaba lavando la ropa. Y, de repente, cuando paré de tocar, la mujer me dijo: «No, no, seguí cantando. Así yo sigo lavando contenta»." Sea que uno esté lavando, ensuciando o simplemente pasando el momento, escucharla cantar a Lucila Inés es una experiencia que da felicidad. Aunque muchas de sus canciones provengan, justamente, de la angustia: "Hace unos cuatro años, cuando tenía 20, tuve una crisis existencial. Yo antes no hacía música: jugaba al hockey. Y la verdad es que el deporte y hacer canciones no son compatibles: los horarios en la música no existen", dice Lucila.
COMPOSICIÓN En un par de años, fue el juego de componer canciones lo que a Lucila Inés le cambió la vida: "Yo ya venía haciendo canciones, pero cuando me decidí a tocar, mi hermano [el poeta Nicolás Domínguez Bedini] y un amigo músico [el artista experimental Federico Durand] casi me dieron la orden: «Vas a hacer un disco». Y me llevaron a grabar a lo de Martín Vicenta, guitarrista de Uno X Uno". El disco, en el que se buscó que la chica no perdiera esa intimidad que genera ternura y contento, costó sangre, sudor... y lágrimas: "Sé que sos más fiel a la luz de tu velador", canta Lucila en la primera de las doce canciones grabadas en un par de sesiones que, según ella, "se dividieron en pre-llanto y post-llanto". En un momento, Lucila recuerda haberse puesto a llorar desconsoladamente sentada frente al micrófono. Y ahí podrían haber terminado las sesiones, si no hubiera sido por su hermano, que en un gesto de fraternidad poética, le ofreció "sacarse los audífonos" (de hecho, ella es la única entre tres hermanos que no usa audífonos), para restarle quizá un poco de presión. "Eso fue en el tema «¡Mis audífonos al fuego!». Creo que John Cage tenía razón cuando decía que el silencio no existe, que es sólo falta de atención. El silencio es una influencia importante, quizá por mis hermanos." Lucila Inés no duda: "Lo que pasa es que mi hermano Nicolás es la influencia. Yo viví muchos años con él, pero durante bastante tiempo, en mi casa, circulaban muchísimos discos y libros, y para mí eran decoración: no les daba ni bola. Y de repente me di cuenta de que tenía libros de poetas como Juana Bignozzi o Irene Gruss, y discos de Robyn Hitchcock o Françoise Hardy. Decenas de libros y discos dedicados, que él me había ido regalando y que tenía ahí desde hacía años".
INFLUENCIAS Lucila asegura que la poesía de Todas las letras de tu nombre, su aún inédito álbum debut, se nutrió de las lecturas de su hermano Nicolás en el Monte Análogo, un recordado programa de radio virtual en el que hizo sus primeras experiencias como guitarrista incidental. Ese mágico "poder de nombrar" del que hablaba Fernando Noy aparece hoy en canciones que pueden hablar del oro fresco, de sapos que se enamoran de ranas, de castillos hechos en el aire y de ladrillos redondos y triangulares que caen del cielo. Lucila menciona a Moris y su "Fiebre de vivir", al pop español de Family (de los que hace una versión de "En el rascacielos") o La Buena Vida, o jóvenes cantantes españolas actuales como Soledad Vélez, Russian Red y Yolanda Camino, influencias a las que les suma a cantautores locales como Francisco Bochatón o la charanguista japonesa Mari Sano.
EN VIVO La chica sabe bien lo que hace y eso se nota cuando irrumpe con su guitarra en cualquier recital de poesía, muestra de arte o evento en la que la inviten a cantar: "Creo que, cuando una se olvida de lo que está haciendo y fluye, los demás también se olvidan de sí mismos y pueden fluir", reflexiona ella. "Mi sueño es hacer una zapada colectiva con mucha gente, y que todos se copen."
Por Santiago Rial Ungaro
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