
Este proyecto es una mezcla de dos intimidades muy diferentes: una persona que hace canciones y otra que programa; las dos solas, en sus casas", explica Aldo Benítez, una de las mitades del dúo que completa Marcelo Fabián. Estos dos artistas, solitarios y fructíferos, antes de asociarse ya venían sonando en la avanzada local gracias a sus discos solistas, que los habían posicionado bien dentro de la escena: a Marcelo, en el mapa de la nueva música electrónica, y a Aldo dentro del pop. "Me aburrí de laburar solo. Quería romper con eso y abrir la cancha", cuenta Marcelo, encargado mayoritariamente de las programaciones del álbum Marcelo & Aldo, donde se pueden encontrar algunas huellas de sus trabajos anteriores (Beija Flor, Sed de mal), en los que mezclaba detalles de cumbia con bases electrónicas orientadas al IDM. Dice Aldo: "Más que complementarnos, nos modificamos. Por ejemplo, a mí me cambia mucho el imaginario de las letras. Cuando estoy solo, soy más abstracto y volado". Y termina: "Pero cuando estoy con él trabajo con imágenes casi políticas. Es lo que me genera su música".
HISTORIA En 2006 tuvieron un primer acercamiento, pero fue un tiempo después de conocerse cuando empezaron a intercambiar sus works in progress de diferentes producciones en solitario. Marcelo le envió las maquetas de su tema "Sapo" a Aldo, quien -sin pedirle permiso- le devolvió el track con una pista más, la de su voz. Hubo química. Y esa canción no sólo quedó en Sed de mal sino que el dúo llamó la atención incluso de la escena internacional: un japonés quería editar ese disco en su país sólo con la condición de que tuviera un par de temas con voces de Aldo. A partir de ese pedido, trabajaron juntos en canciones nuevas y, aunque la edición nunca prosperó, quedaron en carpeta y fue eso lo que los ayudó a encontrar su propio sonido y ritmo de trabajo. "Cuando empezamos a componer para nuestro disco como dúo, sabíamos que queríamos experimentar y ponernos en lugares incómodos para ver qué pasaba. Buscar un lugar que no fuera el habitual de ninguno de los dos", sostiene Aldo, que en esa época, después de disolver el dúo de noise Rock Set (donde tocaba con Coiffeur), estaba preparando su primer trabajo solista, El portafolio sin peso.
SONIDO Como una versión local del dúo Postal Service, o como un cadáver exquisito musical, Marcelo le iba pasando maquetas de canciones a Aldo, que le articulaba cosas y devolvía el material. Así, una y otra vez, fue la búsqueda certera y personal de un nuevo pop, un paseo de ida hacia los límites del género. La personalidad de Aldo a la hora de cantar, el revisionismo latino en las programaciones de Marcelo, y la originalidad de ambos para encarar una canción fueron clave. "El desafío era generar una homogeneidad desde la ruptura total o el hecho de abarcar muchos géneros. Es medio grandilocuente el disco", explica Aldo. Y Marcelo complementa: "Nunca lo pensé como algo grande, sino más bien íntimo, pero sí abarcativo".
Por Gonzalo Chaves
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