
Hace cuatro años y 10 hitazos, Rihanna sacó un disco llamado Good Girl Gone Bad [Chica buena que se volvió mala]. Nunca volvió a ser buena. Hoy, Rihanna es la chica mala del pop. Podría decirse que es la heredera del doble sentido de la tradición del blues, salvo que las canciones de Rihanna prescinden de los dobles sentidos. "Vení, chico rudo, nene, ¿se te para? Las cadenas y los látigos me excitan." ¿Insinuaciones? Eso es muy siglo XX. Rihanna, la hitera por excelencia del siglo XXI, prefiere llamar al pan pan y al vino vino. El sexto disco de Rihanna es el más ajustado y confiado hasta la fecha: un disco de pop implacablemente pegadizo y bailable, con colaboraciones de primer nivel de los mejores compositores y productores (The-Dream, No I.D., Dr. Luke, Stargate). También es, por lejos, el disco más obsceno de Rihanna. Comienza con "You Da One", un chicle con juguito en el medio ("No deberías haber golpeado así/ haberme hecho gritar así", reta Rihanna). En los otros temas, las letras son bastante más subidas de tono. En "Cockiness (Love It)", Rihanna susurra, gime y suelta un elegante rap tipo dancehall encima de un estribillo que no se anda con rodeos: "Me encanta cuando te la comés. Chupame la fanfarronería/ lameme la persuasión". De vez en cuando, abandona el sexo para lanzar una balada con gran angular tipo "Umbrella". Pero, por lo general, el amor se rinde ante formas más inmediatas del placer. La chica mala se volvió más mala.
Por Jody Rosen

