
Hace casi dos décadas, Deborah de Corral irrumpió como una modelo "rebelde", marcó un mojón en la tele de los 90 con la estética fragmentada de El rayo y, ahora, aparece reinventada y con un disco que excede ampliamente la dignidad y obliga a derribar prejuicios. Trazando una hipotética bisectriz entre Julieta Venegas y Lily Allen, el opus solista de Deborah emerge con la potencia de un rayo misterioso. "Algo", una colaboración con Roberto Musso (letrista de El Cuarteto de Nos) montada sobre un ukelele, es la canción que abre y marca la tónica de lo que vendrá: pop up-tempo impecablemente producido y arreglado por el uruguayo Juan Campodónico (Bajofondo). Hay otros dos tracks con esa crew: Luciano Supervielle, Martín Ibarburu y Pablo Bonilla, entre otros talentos orientales. El resto, producido por Cristian Heyne y la propia Deborah, propone una amplia paleta de sonidos agradables (cuerdas, cavaquinho, harpsichord, Moog, xilofón), letras de corte autobiográfico y la encantadora levedad del pop inteligente y pegadizo. "Nadie sabe", compuesta e interpretada junto a Lucas Martí, eleva el estándar y marca una diferencia.
Por Humphrey Inzillo

