
Hay quienes ven en la ensalada multicultural de Shakira un recurso que extrae quirúrgicamente lo más superficial de cada quien: las caderas latinas, el vientre árabe, las guitarras flamencas, los samplers de popstar yanqui. Sin embargo, o precisamente por eso, si hay una instancia en la que esta mezcolanza brilla indiscutiblemente es la del show en vivo, como éste de París que ahora se edita como CD+DVD. En su performance, Shakira hace del barroquismo que signó su carrera un arma de atracción masiva. Toca la guitarra y la armónica, baila un flamenco arábigo y hasta experimenta con una versión en francés y melódica de "La quiero a morir". Para este show podríamos creer que Shakira se puso el traje rockero, ese de actitud guerrera que comparte ropero con su corpiño caribeño o sus plataformas del dancefloor. Sin embargo, mientras pasan los temas, vemos que esa elección no era excluyente: en Shakira convive todo, baila como gitana con una pollerota, pero se deja la calza que la acompañó desde el principio. En ella, el principio de la acumulación va de la mano de su absoluto girl power.
Natalí Schejtman

