
Aunque ya habían pasado Jauría y Massacre por el escenario principal, el verdadero comienzo del Cosquín 2012, el big bang musical de los tres días de rock en las sierras de Córdoba, fue cuando el viernes 10, dos días después de la muerte de Luis Alberto Spinetta, su hijo Dante y Emmanuel Horvilleur salieron a escena; un set que desde el comienzo fue directo al corazón bailable del grupo con "Chaco", "Jugo" y "Jaguar House" y que fue ganando intensidad en un espiral emocional cada vez más alto que estalló en el solo de guitarra con el que Dante despidió a su padre al final de "Virgen de riña", el tema más spinetteano de los Kuryaki, y con una versión encendida de "Post Crucifixión", de Pescado Rabioso. Cuando se bajaron del escenario, habían hecho bailar y llorar a su público sin perder el estilo.
Y aunque a partir de ahí no hubo ningún verdadero homenaje a Spinetta, ninguna reunión espontánea de músicos, el festival -que convocó a unas 40 mil personas por día- estuvo teñido por su muerte en los gestos que hizo cada banda para recordarlo. PG13, hermana menor del Residente y el Visitante y uno de los corazones escénicos del grupo, cantó una bella y simple versión "Todas las hojas son del viento" sobre una guitarra acústica.
"Si en algo concordamos es que el Flaco era íntegro, así que le dedicamos esto", dijo el Piti Fernández, líder de Las Pastillas del Abuelo, antes de que el grupo tocara "Enano". Después llegó Charly con su big band y, aunque muchos esperaban más (había algo histórico en el primer recital de Charly tras la muerte del Flaco), su homenaje estuvo en el comienzo con "Rezo por vos" mientras en las pantallas pasaban fotos suyas con Spinetta (entre ellas la foto de tapa del Anuario 2010 de Rolling Stone) y en algunas frases que soltó a lo largo de la noche. "Yo sé que hoy es un día medio raro, acá falta algo. No quiero hablar mucho, ustedes saben. Se puede ser muy feliz incluso en un día así. Que siga la joda", dijo, y lo que siguió fue un set calcado de la serie que dio a fin de año en el Gran Rex.
Mientras tanto, el escenario temático era casi una realidad paralela al festival, con su propia convocatoria (tan grande como la del escenario principal) y un line-up casi perfecto de rock barrial: Gardelitos, La 25, Ojos Locos, El Bordo y Casi Justicia Social como atracción principal.
Al día siguiente, el escenario temático iba a tener a Malón, Anthrax, Logos y Horcas convocando a una verdadera multitud metalera que casi no se asomó por el escenario principal. Ahí, en el mainstage, Catupecu hizo una versión eléctrica y al palo de "Seguir viviendo sin tu amor", en la que la delicadeza de la canción quedó aplastada por la áspera potencia del grupo. Y la noche creció en intensidad con Las Pelotas y ese canal emocional que siempre logran construir entre sus canciones y el público. Y para el final, Skay atrajo con su guitarra y sus versiones ricoteras a casi todo el mundo hacia el escenario principal y Andrés Ciro supo cómo hacer para estar a la altura.
El domingo, el festival estuvo partido en dos: por un lado, una multitud pasó el día en el escenario temático de reggae, que convocó durante casi todo el día a mucha más gente que el escenario principal: a la tardecita, cuando Juanse subió a dar su show, en el escenario temático había más del triple de gente mirando a Dancing Mood. Y siguió creciendo con Fidel Nadal, Dread Mar I, Los Pericos y Nonpalidece.
Mientras tanto, detrás del escenario, la inminente llegada del Pity a los camarines había cargado el aire de una cierta tensión que sólo las verdaderas estrellas de rock generan. Y una hora antes del show, cuando una van lo dejó en la entrada de los camarines y el Pity bajó encapuchado como un boxeador, rodeado de su troupe y sus guardaespaldas hasta meterse en uno, ya nada fue igual. En la puerta de los dos trailers asignados al grupo dos muchachos de actitud intimidante controlaban que nadie se acercara más de lo necesario.
En el escenario, Kapanga pelaba su rock festivalero de siempre, amenazando con ir a buscar a los ingleses si no se dejan de joder con Malvinas y tocando "Ai se eu te pego" de Michel Teló pero de mentira, eh, en chiste. Juanse no falló con su rock and roll, pero los que empezaron a ponerle clima a la noche fueron los uruguayos de La Vela Puerca con una cataratas de hit que encendieron al público. Y cuando finalmente Viejas Locas salió a escena, cuando el Pity apareció enfundado en un sobretodo azul, el festival volvió a despegar como lo había hecho con los Kuryaki.
"Estamos muy contentos de estar acá en Argentina cantando para ustedes", dijo, como si acabara de aterrizar desde otro planeta, antes de que el grupo desempolvara su ortodoxia rocanrolera, con hits dedicados "a los padres de todos ustedes" y algunas novedades sobre su situación procesal. "El que está acá no soy yo", aclaró el Pity, que se mostró en estado de gracia durante casi todo el show, moviéndose por el escenario, caminando por la pasarela y acostándose en el piso para cantar y encendiendo al público como ninguna banda lo hizo durante el resto del festival: no es poco.
Pero caminando de un escenario a otro, esos trescientos metros de pasto desparejo, gente y vasos de cerveza vacíos en el aeródromo de Punilla, todavía de día, entre banditas heavy que siguen copiando a V8 y a Pappo, se volvía cada vez más concreta la sensación de que en el mejor festival de la Argentina no existe la más mínima posibilidad de descubrir alguna buena banda nueva, algún grupo que tenga algo nuevo para aportar, algún sonido distinto. Y que vuelve casi inevitablemente que uno empiece a preguntarse por el estado de nuestro rock más mainstream. ¿Esto es todo lo que hay? ¿Los Kuryaki reunidos diez años después siguen siendo lo más innovador que le pasó a nuestro rock? ¿No hay nada realmente nuevo?
Por Juan Morris

