
En 2011, la revolución de la música digital dio su mayor paso desde que apareció iTunes en 2003. En el transcurso del último año, Spotify fue lanzado en los Estados Unidos; Apple dio a conocer su servicio en la nube iTunes Match; Google y Amazon lanzaron sus propios servicios de música en la nube; y Facebook se asoció con casi todos. "Este año pasaron un montón de cosas", asegura Daniel Ek, fundador y ceo de Spotify. "El mundo se está volviendo más conectado, y se está haciendo cada vez más evidente que la música tiene que estar en la nube."
Los nuevos servicios de música se dividen en dos categorías: los "armarios digitales" como iTunes Match, Google Music y Amazon Cloud, que permiten que los usuarios almacenen sus colecciones digitales en línea y las reproduzcan desde cualquier computadora o dispositivo, y servicios de suscripción, como Spotify o Rhapsody, que ofrecen streaming ilimitado de casi cualquier canción que se haya grabado.
Hasta este año, los servicios de suscripción constituían una parte muy pequeña de la industria de la música, pero desde el lanzamiento de Spotify el número de clientes premium trepó a los 2.500.000 (Google, Amazon y Apple no divulgan sus cifras de usuarios). "Prevemos que la mayor parte del crecimiento en el espacio digital en los siguientes años provendrá de modelos de servicios basados en la nube", dice Stephen Bryan, de Estrategia Digital de Warner Music. Otra fuente de un sello grande va un paso más allá. "Este es el año que en el futuro señalaremos como el principio del fin de la propiedad como modelo."
Según algunas fuentes, la compra de la división editorial de EMI (que tiene los derechos de 1.400.000 canciones, de "Empire State of Mind" de Jay-Z a "We Are the Champions" de Queen) por parte de Sony Music por 2.200 millones de dólares a principios de noviembre fue impulsada, al menos en parte, por la revolución en la nube. ¿El motivo? Los servicios de streaming normalmente pagan regalías de fracciones de centavos por reproducción, lo cual podría significar mucho dinero para empresas que poseen un gran catálogo de canciones. "Es más fácil ser generoso con un catálogo que en una experiencia en la que uno está comprando música", dice Steve Greenberg, director de S-Curve Records y ex ejecutivo de Sony y Warner. "Cuanto más grande sea mi catálogo, más probable será que escuches algo mío."
Hasta el momento las regalías que paga Spotify son pequeñas; si una canción se reproduce sesenta veces, el compositor recibe apenas 9,1 centavos y el artista 38 centavos. Como resultado, más de 200 sellos independientes, así como los catálogos de los Beatles, Zeppelin y Bob Dylan, no participan del servicio.
El modelo de "armario" de iTunes Match y Amazon Cloud es especialmente intrigante para los artistas y los sellos, porque se paga un royalty cada vez que reproducís una canción de tu colección, la hayas ripeado de un CD original o la hayas descargado en forma ilegal. "Es la única manera de hacerle pagar a alguien por música que ya compró", dice Syd Schwartz, ex ejecutivo de EMI que ahora es consultor para managers y sellos. "Es ingenioso. Algún ejecutivo seguro está diciendo: «Al menos monetizamos todo lo que la gente se robó de Napster a lo largo de los años»."
"Este año es el punto de partida", dice Ek, de Spotify. "No creemos que el modelo de propiedad esté completamente muerto: la gente compra las cosas que le gustan. Pero la gente comparte lo que está escuchando." Agrega Zahavah Levine, ejecutiva de Android, de Google: "Nos espera un futuro brillante".
Por Steve Knopper
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