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Sting trajo a Buenos Aires su homenaje a David Bowie

En su show en el Hipódromo de Palermo, el ex The Police tocó "Ashes to Ashes" junto a su hijo

Por Joaquín Vismara

Sting llegó a Buenos Aires para presentar su disco 57th and 9th.  Foto:  RollingStone  / Rodrigo Alonso
Con su hijo Joe Sumner en la voz, el ex The Police recordó a David Bowie con una versión de "Ashes to Ashes".  Foto:  RollingStone  / Rodrigo Alonso
De los temas nuevas a los clásicos de su catálogo casi sin interrupciones, Sting convirtió el show en un gran mash up.  Foto:  RollingStone  / Rodrigo Alonso
Sting en acción en el Hipódromo de Palermo.  Foto:  RollingStone  / Rodrigo Alonso
Sting con parte de su banda en el escenario.  Foto:  RollingStone  / Rodrigo Alonso
 

Había pasado poco más de una hora de show en el Hipódromo de Palermo cuando Sting le cedió el micrófono a Joe Sumner, su hijo que se desempeña como guitarrista y corista de su banda. Al frente del escenario, Joe empezó una versión a voz y seis cuerdas de "Ashes to Ashes", el hit de David Bowie de 1980 que el ex The Police incorporó al setlist de esta gira que lo tiene recorriendo el mundo desde diciembre de 2016. Una vez que la banda se acopló, fue su propio padre quien tomó la posta vocal y logró desembocar el homenaje al Gran Duque Blanco en "50000", una de las canciones de 57th&9th, su disco publicado el año pasado. El mash up escénico no es un dato menor: el disco que el ex The Police publicó en noviembre del año pasado lo volvió a poner en contacto con sus orígenes rockeros después de que el jazz, la world music y las incursiones sinfónicas definieran su norte artístico por años. No por nada las dos primeras canciones de la noche pertenecieron a su ex banda: "Sinchronicity II" y "Spirits in the Material World" sonaron casi calcadas a las originales, lejos de las interpretaciones libres que supo tener.

Con una lista complaciente con gran parte de su pasado, el bajista asomó las canciones de su nuevo disco en tandas. "I Can't Stop Thinking About You" y "One Fine Day por un lado, y "Petrol Head" y "Down Down Down" salieron en dúos, rodeadas por canciones de la cosecha 70-90. Ese recorte fue el que le permitió ir de los aires folk casi rurales de "I Hung My Head" (no por nada versionada por Johnny Cash) al intimismo de "Fields of Gold" (o la manera de mantener en vilo a un público disperso) con mismo grado de gracia y esfuerzo.

De a poco, Sting convirtió su show en una presentación casi sin interrupciones, donde el espacio entre canciones se redujo a una cuenta a cuatro para arrancar de nuevo, o bien el final de cada tema era el comienzo del siguiente. "Shape of my Heart" y "Pretty Young Soldier" sonaron en continuado y, tras una pausa mínima para recobrar el aire, "Message In a Bottle" fue otro viaje en el tiempo tan poco arriesgado como efectivo.

Secundado por una banda precisa comandada por Dominic Miller, su guitarrista y eterno colaborador, Sting sonó suelto y espontáneo en "So Lonely" y "Walking on the Moon", pero encorsetado en los ribetes orientales de "Desert Rose" y en el medley final que pasó de "Roxanne" a su versión de "Ain't No Sunshine", el blues de Bill Whiters. Quizá por eso, una tanda de bises que debería haber sido más que efectiva ("Close yo You", "Every Breath You Take" y "Fragile"), apenas pudieron hacer poco para volver a atrapar a una audiencia dispersa. Sting parece sentirse cómodo con volver a retomar sus raíces, pero al menos en Palermo, su público pareció estar todavía asimilando el cambio.

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