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Bob Dylan - 'Triplicate'

Columbia - Cuatro estrellas y media

La tercera aproximación de Bob Dylan a canciones anteriormente grabadas por Frank Sinatra no sólo constituye el set más largo de grabaciones nuevas que jamás haya editado (30 temas distribuidos equitativamente en tres CDs), sino que además es majestuoso por derecho propio. Dylan se mueve en este territorio -la región de Sinatra, pero también de compositores de standards como Irving Berlin, Jerome Kern, Hoagy Carmichael, Richard Rodgers y Oscar Hammerstein-como si fuera su hábitat natural. De hecho, ya ha publicado más discos sucesivos en esta línea estética que en cualquier otro estilo desde su trinidad eléctrica que cambió al mundo a mediados de los 60: Bringing It All Back Home, Highway 61 Revisited y Blonde on Blonde.

El resultado es maravilloso, y no sólo por la enorme actualidad de la visión del disco. Cuando Dylan lanzó su primer álbum de canciones relacionadas con Sinatra, Shadows in the Night, en 2015, el proyecto reflejaba la historia de la batalla cultural más vieja de la música americana. Los temas que Dylan eligió para ese disco, y para un volumen sucesor, Fallen Angels, del año pasado, mostraban lo bien que él entendía a Sinatra y a la época del "Great American Songbook" del Tin Pan Alley y los musicales de Broadway. Cuando el ascenso de nuevos géneros marginales como la música country, el rhythm & blues y el rockabilly desplazó todo esto en los años 50, algunos reaccionaron como si unos bárbaros hubieran llegado a los gritos para destruir las compuertas. Sinatra fue uno de ellos. "El rock & roll apesta a falsedad", dijo. Pero Dylan había hecho algo aún más radical -quizás peor-y lo sabía. "El Tin Pan Alley ya terminó", dijo en 1985. "Yo lo terminé. La gente ahora puede grabar sus propias canciones."

Con el monumental Triplicate, definitivamente está haciendo las paces. Aunque Dylan ganó hace poco el Premio Nobel de Literatura por sus propias composiciones -es decir, por cómo expandió el arte a través del uso del lenguaje-, las canciones siempre fueron, para él, mucho más que un arte de palabras. La música en sí misma es igual de significativa. Una canción no es una canción sin melodía, armonía y voz.

En Triplicate lo demuestra una vez más. Aunque algunas de las canciones suenan deliciosamente animadas (incluyendo el primer tema, "I Guess I'll Have to Change My Plans") y otras son casi blues delicados ("That Old Feeling", "The Best Is Yet to Come"), la mayoría del repertorio está compuesto por baladas lentas y espectrales. En canciones como "I Could Have Told You", "Here's That Rainy Day" y "Once Upon a Time" -meditaciones sobre el recuerdo de una pérdida que ahora es central para el estado del cantante-, Dylan transforma la devastación en una belleza dolorosa. Otras veces sugiere algo fantasmal. En la versión original de Sinatra de "September of My Years", de 1965, el arreglador Gordon Jenkins abre con un torbellino de cuerdas, invocando la marea que finalmente le llega a todo el mundo. La banda de Dylan crea el mismo efecto, y suena igual de completa, con la guitarra Steel de Donnie Herron y el bajo acústico de Tony Garnier.

Cuando Dylan decidió cantar temas de Frank Sinatra, la idea parecía inverosímil. ¿Le quedaba voz para estar a la altura? Dylan dejó en claro desde el principio de Shadows in the Night, en los primeros compases de "I'm a Fool to Want You" -la canción más definitiva de Sinatra, y uno de sus únicos créditos como co-compositor-que estaba más que a la altura: hacía que la canción sonara absolutamente seria y escalofriante. "Suave" no es una palabra que uno usaría para describir la voz desgastada de Dylan. Sin embargo, podía soltar fraseos de manera tan efectiva como el propio Sinatra.

Dylan sólo usa un quinteto a lo largo de Triplicate, sin cuerdas y sin big band, más allá de una pequeña sección de vientos por momentos. Y con ese quinteto recrea los climas de las aperturas solemnes de "Stormy Weather" e "It Gets Lonely Early". Aquí eligió su repertorio con cuidado y significativamente. De los más de 50 discos que lanzó entre In the Wee Small Hours, de 1955, y Watertown, de 1970, Sinatra hizo más o menos una docena que exploraban la idea de pérdida, y cada uno de ellos es una obra maestra. Dylan selecciona más de la mitad de las canciones de Triplicate de esos lanzamientos, inclinándose particularmente por el último disco de Sinatra para Capitol, Point of No Return, de 1962, muchas veces infravalorado.

Sin embargo, Dylan cierra Triplicate con algo que Sinatra cantó muchos años después: "Why Was I Born", compuesta por Kern y Hammerstein en 1929. Es un standard abrasador que ejemplifica a la perfección el tipo de escritura que Dylan exterminó en su época, haciéndose una serie de preguntas grandilocuentes -"¿Por qué nací?/¿Por qué vivo?/¿Qué estoy dando?"- en el nivel más personal. Dylan no es ajeno al abatimiento ni al autoexamen. Lo que él entiende aquí es la victoria que implica sobrevivir a esa oscuridad. Es en esa supervivencia, y en cómo es transmitida a los otros, que se puede encontrar una respuesta a por qué nacimos.

Mikal Gilmore

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