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Santiago Mitre arma su propio presidente en 'La cordillera'

El director habla de su nueva película, especie de thriller paranormal con Darín como un misterioso estadista

Por Diego Brodersen

 
Santiago Mitre dirige a Ricardo Darín y Gerardo Romano. Foto: Gentileza Warner Bros.

"Esta película ya cumplió sus expectativas", dice Santiago Mitre en un encuentro con RS, cuando todavía falta un mes para el estreno argentino de La cordillera, su tercer largometraje luego de El estudiante y la remake de La patota. Es que el director -nacido en 1980 en Buenos Aires- viene de exhibir la película en el más importante de los festivales de cine, el de Cannes. "Igual espero que tenga un buen recorrido en salas y que a la gente le guste."

Con un importante lanzamiento que ocupará cerca de doscientas salas y un reparto encabezado por Ricardo Darín (en el que también se destacan Gerardo Romano, Dolores Fonzi y Christian Slater en una escena crucial), el film termina de confirmar el ascenso gradual de Mitre a ese estrato de la cinematografía argentina que muchas veces parece una entelequia: el cine de autor con aspiraciones industriales. La cordillera marca además una primera vez: un relato local con un presidente de ficción como protagonista, bautizado para la ocasión como Hernán Blanco. Ni héroe ni villano en un sentido estricto al menos -en un primer momento, antes de que algunas cartas escondidas bajo la manga lleguen a la mesa-. "Nos divertía mucho ese juego de agarrar un elemento de un presidente real y ponerlo en otro lugar", dice sobre el trabajo junto a su coguionista, el también realizador Mariano Llinás.

Casualmente, La cordillera se estrena en un año electoral, a pocos días de las primarias legislativas. Como ocurría en su ópera prima, que narraba el ingreso de un estudiante universitario a la vida política dentro de la Facultad de Ciencias Sociales -utilizando sabiamente varios de los mecanismos del cine de suspenso-, en su flamante obra también se habla del poder. "Aunque esta vez hablamos del poder en serio. El poder real." Sin embargo, La cordillera está muy lejos del registro semidocumental, más allá de funcionar a modo de espejo de un ámbito real. "Siempre supimos que había un elemento fantástico dando vueltas", dice Mitre.



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